martes, 22 de mayo de 2012

La despedida



Aplacemos la despedida,
Un solo punto, para mañana…
Para ese instante mágico:
Definitivo e inevitable;

Aunque sea demasiado tarde,
Cuando el Tiempo
Nos anuncie, que el tiempo…,
Ya no es Tiempo.

Ya no es nada.
Ni una apariencia.
Un soplo.
Único recuerdo…

Vago remordimiento,
Cuando no habite
Despabilado, en la memoria,
Del recuerdo incierto

Y el Tiempo ya no sea Tiempo.
Y el tiempo de la despedida,
Nos niegue la retentiva.
O acaso la leve mueca

De una sonrisa tenue,
Compasiva pero amarga,
Sin la luz que se albergó,
Como una flor en tus ojos

Esos ojos…, de color esperanza.

Ahora…, adiós.
Cuando todavía hay tiempo,
De abrazar tu último cuerpo,
Y estrechar tus manos.

Adiós…, ahora,
Cuando tengo fuerzas y ánimo,
Para escribirte las palabras…
Que te han mimado,

Suspiros que te han querido,
Lágrimas que te han amado,
A veces con desesperación,
Llenas de mil anhelos.

¡Ah, si hubiera podido…,
Besar tus labios de fuego
Y sentir del corazón tu latido,
Sembrado de esperanza!

Aquí te dejo mis palabras:
Cargadas de ternura.
Aquí te dejo mi despedida:
Dispuesta y desnuda.

Son inocentes e ingenuas,
Como es este niño grande,
Que en cauto silencio,
Siempre te ha querido.

En silencio siempre
Siempre en silencio.
¡Dios mío!
¡Tanto cómo supliqué por ella!


© Rafael Mulero Valenzuela
Primavera de 2012