viernes, 22 de octubre de 2010

Mujer de voz de tango


Para Elena G. C.


Suspendido del vaporoso hilo
De tu clamor cálido de tango,
Me deslizo como espuma
En las vibraciones de aire denso
Y de requiebros contenidos.

Mientras, tus negros ojos rasgados,
En fuegos incontenibles y apasionados,
Siembran mi alma de esperanzas soñadas,
Y en torbellinos de cadencias ignotas
Mis pies tienden rumbo a tu talle de luna.

Se cimbrea entre mis manos trémulas,
Al tiempo que me traspasas esos temblores
De mujer deseada y siempre amada,
En intenciones nunca realizadas
De amores fugaces sin respuesta.

Un susurro del eco resbala en tu semblante
Deslizándose atrevido hacia tus senos.
Siente el corazón que el deseo palpita
En relámpagos prolongados de colores,
Esperando tu boca la huella de mí aliento.

Se rasgan los vestidos de invisibles manos
Mientras desnuda te vas quedando,
Siempre vestida de voz de tango
Que ahora tiembla como una flor,
Prendida en el abedul nevado de inocencia.

¡Ay, mujer de voz de tango!
Deja de cantar que me traes inmensa locura
Allí donde no quiero que se manifieste mi hombría,
Que me consumo como imperecedera ascua
Avivado en tu vientre y en tu viento de ternura.

Qué arrebato tu fuego en mi fuego antiguo
De tanta espera ahora complacido,
Mientras la voz del ardiente tango
Me reclama promesas ya otorgadas
Antes de encontrarte en alcoba perdida.

17 octubre de 2010