jueves, 26 de mayo de 2011

El entierro






Caminar en la comitiva,
Junto a gentes apenadas,
Marcando paso lento,
Detrás de ataúd florido,
Sin deseos de pensamiento.

Sentir angustia de compañía,
De hipocresía fingida.
Consuelo al traspasar con la mirada la caja
Y ver tranquilo al muerto.

Me calaba el sol en los huesos,
Pero seguía marcando paso lento,
Como si nada hubiera ocurrido.
Iba tan ajeno como un suspiro,
Perdiendo el mundo a cada momento.

A la puerta del cementerio alejado,
Viejas de negro flores blancas vendiendo;
Como si el cadáver, ya casi olvidado,
Precisara ser de inocencia adornado.

Una oración monótona,
Sin emoción…, descuidada…
Unos hombres con mano en pala,
Aburridos, esperando lágrimas,
Para sepultar la rosa depositada.

El sol loco me volvía.
Me sentí vivo…, en el silencio.
Y sólo sé que enloquecía,
Hambriento de amor y sin compañía.

(Del libro Réquiem)


Madrid 26 de Mayo de 2011
© Rafael Mulero Valenzuela.