viernes, 22 de abril de 2011

De mi última mirada, el abrazo.

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Cuando llegue el momento esperado,
Ese momento al que tenemos miedo,
Manos y brazos perderán la fuerza del cerebro
Y entonces nada será posible aún con esfuerzo.

En la luz de un sol tibio y entenebrecido,
Dolorido en la partida hacia el destino,
Ignorado y plagado de dudas y misterio,
Persistirá alejado pero íntegro el recuerdo.

Mientras yo camino feliz a su  encuentro,
Tu mirada desprenderá su íntimo encanto.
Pero no deseo lágrimas en ojos de consuelo,
Ni gestos, ni palabras plagadas de sosiego.

Mis ojos serán siempre libres en el camino,
Como norte que dabas con tu secreto suspiro,
Ese suspiro exclusivo, personal, tuyo y mío,
Sin exponerlo al Viento y perderlo en lo desconocido.

Será ese instante como un adagio melodioso
Cuando descubriremos del amor su misterio,
De la pasión de nuestros cuerpos el deseo,
De la entrega y la ayuda mutua el sacrificio.

La blanca luna, presente en nuestro desvelo,
Protegerá a los girasoles impacientes de sueño,
Y en la tierra de Andalucía el campo entero
Despertará un día altivo entonando mi cántico.

Tú, mujer, de rostro suave, bello y cauto,
Recostada en tu pretérito pensamiento,
Sentirás de mi última mirada el abrazo
Y en tu boca guardarás el amor en silencio.






Madrid 17 de abril de 2011
© Rafael Mulero Valenzuela