miércoles, 30 de marzo de 2011


Nikolai Rimsky-Korsalov

(Tichvin 1844 – Lyubensk 1908)









Para Marisa “Xanela”, Rosa María y Ozna-Ozna.





Capricho español
(Каприччио на испанские темы)

Que suenen las solemnes trompas y trompetas
El oboe, el corno inglés y los roncos clarinetes
Las flautas, el flautín y los violines llorones
Que retumben los poderosos timbales
Y el tambor repiquetee marcando el paso,
Que las flautas imiten a los pájaros
Y los violonchelos se vuelvan guitarras españolas

Tened solo una voz única y potente
Que el coro la eleve en escala octatónica
No escuchéis una triste aria solitaria.
Aquí somos todos unidos uno solo.
¿Quién se presta como director
Para establecer los ritmos y las pausas?
Llamad a Glinka que haga la canción popular

¡Llamad, llamad!, prontamente,
A Nikolai Rimsky Korsakov
Que venga con su Capricho español
Para despertad las masas adormecidas.


Haced sonar las sirenas de los barcos
Allá donde estén en la mar meciéndose,
O en los puertos resguardados.
Que griten con rabia y estruendo
Las sirenas al unísono de las fábricas.
Quiero a todo el mundo en la calle
Para celebrar el concierto de primavera.


Escuchemos los silbidos de los pájaros
La llegada fulgurante de las golondrinas
Que los rosados flamencos se acomoden
Que llegue vida con las cigüeñas
Que las flores reluzcan en la noche
Ha llegado el instante mágico
De la consagración de la primavera.

No estéis en el paro desconsolados
Buscad las viandas para tener fuerza
Abandonad las tenebrosas tinieblas de miseria
Alejaos del muro de las lamentaciones.
No deseo notas musicales de silencio
Que unos respiren y otros descansen
Entonad voces musicales blancas

Nos han inoculado resignación,
Conformismo barato y adaptación sumisa,
Ocultaron la cultura de la esperanza
En simas alejadas de mares ignorados,
Donde la imaginación se queda ahogada
En un largo réquiem ininterrumpido.
Ni en los valles floridos en colores  y olores


Germina la verde flor de la esperanza.
Estamos devastados en miseria
Viviendo un día y tres muriendo.
Despertad a las masas aletargadas,
Descabalgar a los señoritos a caballo,
No pidáis  limosna, pedid justicia.
No pieis como recién nacidos gorriones.


¡Ya está bien de tanta humildad!
¡Ya está bien de tanta resignación!
De tanta paciencia y tan poco alboroto.
De tanta honda pena y poca sana alegría.






Madrid 30 de marzo de 2011
© Rafael Mulero Valenzuela






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