martes, 15 de marzo de 2011

El peregrinaje

Fotografía: Rafael Mulero Valenzuela





Para ella, en esa lejanía inmensa...




Deambulando…, solo…

En las calles de los murmullos

Extasiado en los cantos que escucho

Me llegan melodías

Estrofas de poemas

Recitados en los anochecidos silencios

De las melancólicas y tristes almas

Que van en desesperada búsqueda

De miles de ternuras de amor

Refugiadas en las recónditas esquinas.

 

Voy…, yo solo…

Despacio

Atento

Entusiasmado

Para subir a los anfiteatros

De esas ciudades alegres y eternas

Y declamar algunos de mis cantos.

 

Esos cantos míos,

Solo míos…, y del Viento…,

Esos cantos de paciencia

Subiendo gastadas escalinatas

De viejos teatros vacíos.

 

Voy solo…,

Solo conmigo mismo.

Como un intruso

En las tertulias me cuelo,

Esas tertulias de cuero

De risas y rojo vino

De hombres sin miedo

De mujeres que dicen te quiero.

 

Se hablan los hombres vivos

De poetas ya muertos

Sin vida presente en el instante…

Solo en la memoria rancia vivientes,

Con apenados lamentos

De papagayos sin sentimiento

 

Voy yo…,

Solitario

Ajeno a mí mismo

Sin una mano en la mía

Sin ninguna compañía

Sin amargos recuerdos

De pasados y perdidos amores

Pero animo su vocerío

Con mi templado aplauso.

 

En las últimas bibliotecas

Al final de la calle de la memoria

Solicito libros de poetas olvidados

Nunca leídos…,

Siempre ignorados.

En las salas de prensa entrego

Con alguna vergüenza y miedo

Mis recientes cantos…,

Esos que se lleva siempre el Viento

A vagar por los pliegues

De lechos de sábanas perfumadas

Donde el amor se disuelve…

 

Y en sigilo

Voy yo…, yo solo…

Y me aparto

Solitario

Desprotegido

Cansado

Consumido

Extenuado

Mientras las lágrimas

De las lánguidas de estrellas

Consuelan mi llanto.




© Rafael Mulero Valenzuela

Madrid 15 de marzo de 2011