jueves, 31 de julio de 2008

La niña y el gorrión

Cuento para Carmencita, una niña encantadora.




Había una vez, en una ciudad grande, de muchos millones de habitantes, un gorrión algo mayor, de plumaje blanquecino que volaba de un lado a otro en vuelos cortos y rápidos.

Buscaba el gorrión las migajas de sabiduría de los hombres que iba encontrando a su paso y a ellos se acercaba sin miedo.

El gorrión ya conocía desde antiguo a los hombres y merodeaba alrededor de ellos en los jardines de la gran ciudad.

Le gustaba al gorrión, al que llamaban Rafael los otros gorriones, ir a volar entorno a los colegios de niños y comer las miguitas de pan de sus bocadillos que caían al suelo.

A veces, cuando le gustaba una niña llegaba a tal punto su confianza que comía en la mano que la niña le extendía. La niña se llamaba Carmencito y tenía solamente cinco años. Al gorrión Rafael le gustaba la niña Carmencita porque ella era alegre y risueña, siempre reía, y nunca lo asustaba.

La niña Carmencita era muy obediente con sus papas y siempre ayudaba en todo lo que podía, por lo que sus padres estaban orgullosos y muy contentos con ella. Un día su papá le regaló, como premio a su comportamiento, una cámara de fotos y le enseñó a utilizarla y la niña Carmencito aprendió con mucha rapidez y soltura. Casi tan deprisa como volaba el gorrión Rafael cada vez que la veía.

Algo fría estaba la mañana del mes de noviembre del año 2007 cuando su papá llevó a Carmencito a una reunión de amigos que celebraban una fiesta singular. Se reunían los amigos de papá a fumar el tabaco en unos instrumentos que llamaban pipa.

Mientras su papá ayudaba a los amiguitos, la niña Carmencito tomó en sus tiernas manitas la cámara de fotos y como si hubiera recibido el encargo de una revista o periódico de hacer un reportaje gráfico comenzó a sacar fotos de todo lo que le llamaba la atención, y le daba igual que fueran personas u objetos, como por ejemplo un cenicero.

Pero ocurrió algo que la niña Carmencita no podía imaginar. Por algún lugar se había colado el gorrión Rafael, que también fumaba en pipa y del mismo modo hacía fotos. ¡Ah, qué sorpresa, un gorrión que fuma en pipa!

Cuando la niña Carmencito y el gorrión Rafael se encontraron en el salón, ya lleno de humos y olores, se reconocieron al instante, se sonrieron, hablaron como hablan los niños con los gorriones, y decidieron de mutuo acuerdo hacerse una foto. Después cada uno siguió su deambular por el salón haciendo su trabajo. Carmencita estaba alegre y contenta. Pero más contento se encontraba el gorrión Rafael porque aquel día de un mes de noviembre del año 2007 había conseguido fotografiar la inocencia y el candor.

Pasaron las horas y la fiesta de los amiguitos de papá llegaba a su momento más esperado. Todos llenaron sus pipas de un tabaco que venía en una pequeña bolsita y esperaron, unos más que otros, la señal para encender con los fósforos las pipas. El gorrión Rafael, tan osado él, apenas podía sostener la pipa negra arenada que le habían dado. Temblaba todo su cuerpo y se sintió todavía más pequeño de lo que era...

El gorrión Rafael buscaba con su vista de pájaro a la niña Carmencito y al no hallarla comenzó a sentir tristeza, y se puso nervioso, alterado, y la melancolía se anidó en su cabecita mientras le llegaban a sus ojos las lágrimas.


Rafael Mulero Valenzuela
Viernes, 23 de noviembre de 2007
©Rafael Mulero Valenzuela
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