martes, 7 de diciembre de 2010

Danza ante el ciprés


Mi perra Tuska


En las manos he encontrado soledad
Y la he visto sin antes haberla sentido
Como otras veces, mordiéndome los huesos,
Fríos. Revolcándose en el pecho seco.

Con desesperada ansia he buscado
Los ojos de una mujer, para sonreír,
Aunque lo hiciera con tristeza
Intentando por instante desterrar la pena

Nadie me ha mirado.
He corrido calle abajo
Como aterrorizado, fugitivo, perseguido,
Sabiendo que ningún crimen había cometido,
Para contárselo a la sombra del ciprés.

Allí he llorado como un niño perdido.
Ha llegado el perro solitario de la noche
Moviendo tímido su rabo alborotado,
Esperando la caricia para lamer mi mano.

La vergüenza de nuestros amargos gemidos
Se ha quedado refugiada en sombra sorprendida,
Por si algún día deseamos recuperarlos
Para mostrársela a nuestro viejo hermano.

Después perro y hombre hemos corrido,
Buscando alocados, algo aturdidos,
Un rayo de luna que permitiera identificarnos,
Para bailar nuestra congoja como borrachos,
Sin fijo destino, como canarios enjaulados.

La magia de nuestra danza sin límites
Ha quedado sembrada en la yerba extrañada,
Que muda y silenciosa nos ha arropado.

Despacio, cautelosos, con miedo en los huesos,
Hemos vuelto a visitar al ciprés, altanero y austero,
Para decirle que no nos espere esta noche
Que tenemos vida por delante.
Pero nos hemos callado lo que sabemos
Que una pena y una lágrima nos traen la muerte.

Diciembre 7 de 2010