domingo, 6 de junio de 2010

Carta a un amigo poeta

Primavera de 2010

A Fernando Jiménez-Ontiveros Solís
http://fernandojontiveros.blogspot.com



En una carta que Boris Pasternak envió a Stalin, a finales de 1935, a propósito de que éste proclamara a Mayakovsky como “el mejor, el poeta de más talento de nuestra era soviética”, le decía que ahora “podía vivir y trabajar como en el pasado, en un silencio modesto, con esos momentos misteriosos e imprevistos sin los cuales no amaría la vida”.

Dentro de esos momentos misteriosos e imprevistos me he visto sorprendido con tu presencia y nos presentamos el uno al otro, y yo te admiré de inmediato. Teníamos en común esa posición inmutable y estoica en la que los años nos han obligado a posicionarnos mientras esperamos la muerte. Pero esa espera es paciente, sin exponer demasiado nuestra mente y nuestro cuerpo a ciertas voluptuosidades innecesarias. Algo ya hemos vivido y todavía pensamos hoy que mucho nos queda por vivir; pero ante todo compartimos esa idea sufriente de que nos queda mucho por hacer, también por aprender. Tu erudición no se calma de cualquier forma y continúas buscando en la poesía, en la pintura, en tu charla apasionada, en tu constante desvelo por descubrir la sensibilidad de las gentes esa palabra mágica, esa idea que incorporas a tu poesía con soltura y no menos cuidado midiendo su efecto.

He pensado, tal vez para aliviar mis incapacidades y mis miles de oscuras angustias, que se puede ser buen o peor poeta, pero lo único cierto es que nunca se deja de ser poeta. Llegar a serlo no es tarea fácil. Hay que descubrirse a sí mismo, hay que sentirlo en ese misterioso y recóndito lugar donde en ocasiones no deseamos entrar, en esa interioridad alejada, distante y a veces heladora que se manifiesta en nuestras nocturnas soledades. También en la luz de los soles de todos los días cuando miramos extasiados los ojos esperanzados de quien se sienta frente a nosotros. Así he permanecido ante ti mientras me leías algunas de tus poesías y en tus ojos palpaba la vida, la ilusión y la esperanza mientras con zumbido sordo y monótono nos ronda escondida entre matorrales y enredada en las puntas hirientes de los pinos altos la muerte altanera.

Estoy cansado de hacer balance nocturno, mientras me llega el sueño, de mi vida, de la vida de los otros, de pensar en el bien y el mal, en el futuro, y detenerme en el recuerdo pasado intentando borrar los sueños no realizados. ¡Tantas cosas me martirizan! Desde aquí, donde estoy arraigado yo, es fácil gritarle descaradamente al mundo, lanzar al Viento mis palabras, las palabras de este pretendido poeta, que ha andado de bardanza en busca del amor. Hay que estar allí, en la ultratumba, para entender el suplicio del odio y la angustia de la negra pobreza.

Amigo poeta, yo desearía que pusieras sustantivos adjetivados al dolor de mis hoy ya tiernos huesos cuando a la memoria, ese tormento que no cesa, me llegan las miserias de la cruel vida y de la esperanza que germina como rayo incesante en el corazón desvalido, algo fatigado, de este pobre personaje que soy yo, tu amigo. Cuando uno de los dos se marche el otro guardará el recuerdo de los dos y velará por sus poemas, y se lo comunicará a otro por si decides partir que él se trascienda y otros conserven todos y cada uno de nuestros recuerdos. Esa es la única posibilidad que tiene el hombre de conquistar su felicidad.

¿Cuánta es la importancia que debemos conceder a los jurados de nuestras obras? Alejémonos de los intereses mercantilistas de las editoriales, de los turnos de espera, de los conchabeos en clave de concilios sumarísimos. La vanidad de un poeta nunca, de ninguna manera, debe someterse a componendas e intereses políticos. La intelligentsia, debe estar al servicio del pueblo, llegar a él para infundirle confianza y esperanza, aliento para sobrevivir en su mundo, ese que le niegan, el que nunca está a su alcance y en el que siempre, día tras día, ocaso tras ocaso, sueña. Algún día, ellos nos rendirán tributo, ese tributo que merecen los poetas ignorados.

En este silencio modesto soñamos, -pero solo es un sueño-, en el reconocimiento del esfuerzo que supone enfrentarse a un papel en blanco para dibujar signos, teñirlos de colores, establecer su orden y acentuarlos con las notas musicales de los vientos alisios. La poesía la hace el poeta para sí mismo pensando en los demás. La poesía es la expresión del sentimiento y la emoción más íntima del ser humano. La poesía si no lleva en sí misma el amor del poeta deja de de ser poesía.

En las soledades infinitas del poeta siempre está presente el amor y por esa razón no desfallece, y hace, -como tú titulas tu blog-, poesía, poesía, poesía…

Con mi afecto y reconocimiento


Rafael Mulero Valenzuela