jueves, 31 de julio de 2008

Carta a los Reyes Magos de un fumador en pipa

Queridos Reyes Magos.

Como ya sabéis, -porque para eso sois mágicos-, soy un fumador en pipa y también porque me imagino que con vuestros poderes, en alguna ocasión, me habréis visto con la pipa en la boca o sosteniéndola en mi mano izquierda; yo diría, y vosotros me corregiréis si no es así, que más que sostenerla o aguantarla lo que hago es acariciarla. Porque para mí el rito de fumar en pipa comienza en el tacto, es decir, para no andarnos con rodeos innecesarios, en el contacto con la pipa. De esta manera consigo entablar con ella ese diálogo silencioso y profundo en el que nos fundimos cuando estamos juntos. A veces, me dicen que cuando fumo en pipa hablo poco sin saber ellos que estoy echando un párrafo con ella. Y luego prosiguiendo en el mismo ámbito del tacto cuando la coloco en mi boca y la aprieto entre mis dientes me llega su sabor, su adaptación a mis labios y a mi saliva. Después la vuelvo a tomar con mi mayor respeto con la mano izquierda mientras sostengo la cerilla en la derecha. Es el momento que esperábamos. Aspiro suavemente, escucho, en un suspiro exiguo, silencioso y penetrante, -en ocasiones desgarrador-, el aire penetrar a través del tabaco, el lamento del fuego en su afán destructivo mientras el humo inunda mi boca y la baña en el sabor, las danzas caprichosas del humo saliendo acompasadas de la cazoleta y de mi boca. Ahora ya no la sostengo entre los dientes, la vuelvo a tomar y la beso entre mis labios mientras mi respiración se hace más pausada, y siento un calor confortable en mi mano mientras la acaricio apenas sin descanso, afanosamente.

Detengo la redacción de esta carta para prestarle a ella la atención que merece. Es una pipa de Butz Choquín Supermate, St. Claude France 1268, de corte clásico y no me preguntéis por la veta porque ya sabéis lo inútil que soy para esos menesteres. Además, vosotros tendréis que recordarlo porque me la trajisteis como regalo en las fiestas de Navidad del año 1976. Como se desprende de este recuerdo y de la fecha que os menciono, podréis comprobar que soy cuidadoso con las cosas con las que me obsequiáis cada día de Reyes. La verdad es que nunca he tenido una pipa que posea la suavidad al tacto que tiene esta, aunque también es cierto que hacia el resto de mis pipas guardo el mayor de mis respetos: cada una de ellas encierra sus peculiaridades propias y, ante todo, están unidas a mí por la historia que compartimos. Ellas y yo hemos vivido instantes íntimos y reconfortantes. Con frecuencia, inolvidables.

He concluido la fumada mientras estos recuerdos se agolpaban en mi corazón y retorno a la redacción de esta carta con la nostalgia propia de los momentos de la felicidad pasada.

Mi carta de este año no encierra ninguna petición. Es simplemente una carta de agradecimiento a vuestra generosidad hacia mí durante todos estos años y hacia todos los niños del mundo y, como tal, deseo que la interpretéis. En cierta medida, ya que no tengo posibilidad de remediarlo, me siento algo incómodo cuando pienso en todo lo que me habéis dado y cuántos otros, sobre todo niños se han quedado casi toda su vida sin un regalo vuestro. Queridos Reyes Magos, en mi inocencia, -a la cual pese a los años no deseo renunciar-, deseo deciros que esto no es una muestra de reproche ni de deslealtad hacia la magia de vuestros poderes encantados. Es una reflexión que no sé bien a cuento de qué me viene ahora a la cabeza. ¡Ah, ya lo sé, lo comprendo de repente! Hace tan solo diez años que tengo dos hijos cuando yo voy sin frenos precipitándome en esa edad en la que ya debería estar hablando y amando a mis nietos. Me habéis regalado esa ingenuidad que me hace compartir con ellos las ilusiones más atrevidas, los proyectos más disparatados, las ideas más sorprendentes y los sueños más lejanos y, con mis pequeños niños y con los sueños, las ilusiones y los proyectos voy llevando la vida. ¿Qué tal lo veis?

Os digo que mi carta encierra la gratitud por tener la posibilidad de conoceros casi, casi, de la misma forma que hoy me conozco y me reconozco en mi historia a mí mismo. Deciros que yo este año ya he recibido mi regalo. ¿Por qué ese gesto de asombro? Os lo cuento. Allá por el mes de septiembre entablé contacto con otros hombres que les ha dado, como a mí, por fumar en pipa. Y han hecho de la pipa una especie de mini mundo en el que se sienten felices y satisfechos. Fundaron un club, ya sabéis, un lugar en el que hay un eje común, la pipa, entorno al cual ellos se relacionan unos con otros. Como todo club tiene unas normas de estricto cumplimiento que son respetadas o, al menos, se pretende que se respeten con pulcritud. En sus reuniones se enseñan sus pipas, se dan a probar tabacos de diferentes opciones, hacen una fiesta de fumada lenta una vez al año a la que asisten los socios, artesanos venidos de otros países y miembros de otros clubs, se reúnen con periodicidad en un establecimiento hostelero una vez a la semana, por naturaleza y por la forma de ser y de estar unos simpatizan con otros en mayor medida y todos se ríen y beben juntos, y hasta algunas noches se van a cenar huevos con morcilla, pimientos y patatas fritas, ¡el colmo, vamos!

En ese entorno, unos y otros se relacionan lo cual les va llevando con el tiempo a crear lazos de amistad que rebasa el ámbito de la pertenencia al club. Se van conociendo en mayor profundidad y hay hasta algún atrevido que mezcla su devoción por la pipa con sus sentimientos personales y los expone sin el menor recato. Sin duda es que ha perdido el pudor. Pero da igual porque el respeto mutuo es la base sobre la que se asienta ese club.

Queridos Reyes Magos, la pertenencia a ese club ha sido para mí vuestro regalo de este año, por lo que no es preciso que me dejéis al lado de la chimenea ninguna pipa, más que nada por si se calentara demasiado. Podéis disponer de mi regalo para otros que no sean tan afortunados como yo lo soy, para aquellos que tengan menos pipas que yo, para aquellos que la ansían más que yo, para llevarles a los niños del mundo un recuerdo de vuestra mágica presencia en nuestros corazones.

Queridos Reyes Magos, después de todo el esfuerzo y la concentración que me ha costado escribiros a mi edad esta carta, me vais a permitir que me despida con todo el cariño que merecéis que es el mismo que nos habéis dado a todos nosotros durante largos años, pero debéis comprender y espero que lo entenderéis bien que esta esperándome ella, la pipa, la que nosotros llamamos La Fundacional, que más que una pipa es un pipón y que también tiene para mi un significado muy especial que en otra misiva os contaré con detenimiento y no con las prisas que ahora me llevan a despedirme muy afectuosa y cariñosamente, recordando a aquellos que, en la distancia que no en el espíritu, están alejados de nosotros en estas fiestas.

Queda de vosotros majestades a vuestro servicio y disposición un ingenuo adulto fumador en pipa.


Madrid 18 de diciembre de 2007
Rafael Mulero Valenzuela

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