domingo, 2 de enero de 2011

Me quedo indefenso, extraviado


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Foto: Vladimir Lukich Borovikovky
Ucrania (1757-1825).
Retrato de Lopukhina MI. 1797.
Óleo sobre lienzo. La Galería Tretiakov.
Moscú, Rusia
www.abcgallery.com


CANTO XIII
Del poemario “Confidencias a Sira”.

He vivido, a veces, precipitándome
en juegos de final conocido,
de farsas controladas,
de alientos sin calor,
de huellas sin destino.
Un juego peligroso de amores fingidos
y siempre perdidos.

Es el tiempo en que ellos vienen a mi casa,
entreabren la puerta,
me buscan en el camino,
y hacen su convocatoria en silencio.
Llegan para pedir ayuda y solicitar,
en su desesperación mi consejo.
¡Como si sabio fuera!
Confiesan sus errores,
muestran sus remordimientos,
sus vacilaciones,
sus dudas
y evocan mi mirada para que les comprenda.

La mirada y mi casa
son como un santuario mágico,
donde esperan redimirse
en mi pequeña compañía,
y cuando se van,
algo sosegados,
a mi me dejan con sus lágrimas ,
con sus vilezas y pesares.

Parece Sira, como si me encontraran limpio.
Y yo, en mi reposo, junto a mis versos
y mis cantos, me estremezco
de envidia y de miedo,
por si no los comprendo a todos,
porque acaso no he sabido amar
como aman todos ellos.

Me quedo indefenso,
extraviado
me detengo un instante,
solo un momento,
lo necesario para decidir si debo descansar
o volver a empezar desde atrás.

Hoy sé que solo los perros
se pueden morir de tristeza.
Para que ella no me sorprenda,
sin ánimo me levanto
y como puedo
intento el canto.

De tantas veces como la he repetido,
parece como si la hubiera hecho
mi plegaria de media noche.
Sira, es verdad que así, hablando
para dentro conmigo mismo,
me quedo dormido…,
siempre tristemente dormido.

¿Deseas conocer mi oración?

Domingo, 02 de enero de 2011
Nota:
En el blog de Fernando Jiménez-Ontiveros,
existe una entrada bajo el título de Sira
publicada el 7 de octubre de 2010. Ver más
detalles en:
http://fernandojontiveros.blogspot.com